
Lo de Laurie en Espacio Riesco ha sido uno de los mejores recitales a los que he asistido en mi vida, y hay varios motivos. Uno de ellos es que después de más de un año pude por fin coincidir con uno de sus shows y no hubo tren retrasado ni estadías en ciudades por obligación, ni cancelaciones misteriosas; la señora que Bowie mágicamente tuvo en su High Line Festival el 2007 llegó después de una gira enorme (Homeland Tour) a nuestras tierras y estuve ahí.
El viernes ya parecía que la mala racha se perpetuaría pues no pude llegar al MAC, donde se reunió con artistas y prensa, donde todos aprovecharon de preguntar, sacar fotos, acosar, regalar pinturas, entregar demos, etc. Digámoslo así: me piqué mucho, pero me tranquilicé porque sabía que lo que me importaba era al otro día y estaría ahí, debía.
De mis cercanos la mayoría conocía a Laurie, pero no se vale, son cercanos especiales, con dedicaciones especiales, gustos extraños y labores de la vida más allá de la presencia terrestre. La mayoría del público era así, aunque habían excepciones de escuchas novedosos, de pinturitas aplicados a todo evento y los que por obligación acompañaron y no aguantaron la mitad del show y se fueron a fumar, pero esos fueron pocos, muy pocos.
Laurie Anderson apareció en escena a las nueve y media en medio de vivas y aplausos para que ella saliera de bambalinas. La audiencia reflejaba esa ansiedad de años de espera, de vinilos en mano de Big Science [les recuerdo que salió una edición new http://www.laurieanderson.com/ para más info] y de esa revolución mental que golpeó a toda una generación y que las nuevas debieran tener en cuenta, porque ella ha sido de las personas más rupturistas y creativas que el arte visual y musical ha tenido en treinta años. Una pequeña reflexión me lleva a pensar en la abundante concurrencia masculina y la poca pero fervorosa femenina en el recinto de Huechuraba; si se puede hablar de mujeres que marcan y que han abierto espacios y dejado huella en el mundo, Laurie debe ser mencionada sin dudas, y bueno, una de las cosas más ricas de la venida de Anderson a Chile es que generó debate y espacios para conversar sobre todo lo que envuelve la política y el arte. En menos de un mes me vi envuelta en discusiones renacentistas y de índole no-fanrandopolítica como hace tiempo no ocurrían, o quizá para ser más práctica, como con muchos no ocurría. La gente de pronto me pareció más interesante y ellos lograron sacar mucho de sus mentes y de sus corazones, porque fue como un vómito de bondades y rabias mundiales.
Show show show show show me the violin.
Ahí estaba, a dos metros de altura y dos más horizontalmente. ¿Por qué no requeriría sus visuales? ¿Por qué tan limpio todo? De los primeros minutos no recuerdo sonidos, recuerdo sus maneras. Recuerdo cómo a través de las velas, del atril o del arco su gestualidad rica corrieron al occipital y temporal prensando y grabando. The Lark, Bad y Transitory Life fueron el tránsito hacia una versión excepcional y larguísima de Only an Expert, qué no sólo sacó sus expresiones irónicas sino que los espectadores tuvieron un despertar en sus ironías propias y siguieron completamente identificados con Laurie. A estas alturas unos chicos en la corrida de asientos de atrás comenzaron a querer un poco más a “la señora”. Las letras agudas, con observaciones sinceras y que reflejan desde lullabies al borde del sopor fantástico, hasta la crudeza de la guerra y la insostenible fragancia del mal y los poderes que se comen al mundo desde un solo país [US].
Uno de los momentos más candentes fue cuando interpretó Callin Em Up, un tema dedicado al conflicto con Irak y otros países invadidos para ser reformados y mejorados, pero que no logran más que dañar la nación estadounidense y las que son intervenidas.
El dato nice rockerillo romántico de la noche fue cuando Lou Reed acompañó en Lost Art of Conversaction [y acá me pico again y no hablo más porque el show es de Laurie pero igual escucho, mientras escribo, The Black Angel's Death Song].
Tres canciones después el show terminaba, algunos salieron apurados y se perdieron el bis de Laurie Anderson sola ante los más fanáticos que la pidieron de vuelta durante un buen rato, ella y el violín, un perfecto final.
Inscisivo, de ensueño y apocalítico, con una banda genial [Skulli Sverrison (bajo), Eyvind Kang (viola) y Peter Scherer (teclados)] y hasta con los anteojos blancos y los sonidos del touch, un show de calidad y para guardar en la memoria musical contemporánea [sí, y las dos canciones con Lou].
Nota y fotografías: Jessica Parra Nowajewski
+ Fotografías en: http://www.carretes.cl/fotos/index.php?c=89
Setlist
1.- The Lark
2.- Bad
3.- Transitory Live
4.- Only An Expert
5.- Mambo and Bling
6.- Maybe If I Fall
7.- Short Fall
8.- Underwar Gods
9.- Out of the Heart
10.- Callin Em Up
11.- Perfect (Strange Perfumes)
12.- Pictures and Things
13.- Lost Art of Conversation (Lou Reed incorporado)
14.- Bodies in Motion
15.- Sky Flying Birds
16.- No Man’s Land