Por: Cristian Farías

Dentro del marco de la semana de la cultura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, este viernes se presentaron Luis Cheul trío y Tryo en el gimnasio de la casa central de aquella universidad. El cartel prometía una sesión de muy buena música, y así fue, para el deleite de la audiencia, compuesta mayormente por universitarios que se enteraron de la muy poco publicitada tocata. Lamentablemente un gimnasio nunca es un muy buen lugar para un concierto de música con matices, y si bien el equipo de sonido hizo un gran esfuerzo en hacer que todo sonara bien, la mala acústica del lugar terminó por pasar la cuenta, pero no impidió que la tocata fuera buena, y eso no habría sido posible sin los grandes músicos que tocaron.
Comenzó el bajista Luis Cheul junto a su trío, que en esta ocasión tenía a un baterista “galleteado”: Cristóbal Orozco, de la banda nacional de rock progresivo Octopus, reemplazando a Daniel Cheul, que es el baterista usual. El trío sonó muy afiatado, dejando notar que son grandes músicos y que pueden moverse por los caminos de la fusión sin complicarse enormemente la vida. Definitivamente para los que gustan de demostraciones de virtuosismo sin caer en el mal gusto, este trío es una buena opción para escuchar. Sú música contiene mucha fusión, combinada con muchos elementos del rock, y crea buenas atmósferas; además, suena auténtica, con buen gusto, sutil y variada. Un buen show, donde incluso mostraron nuevos temas, pese a que sonó un tanto saturado, lo que impedía que se captara completamente los cambios de intensidad que existen en la música de Luis Cheul.
Tras unas buenas palabras de Luis Cheul hacia sus amigos de Tryo, y una breve espera, la banda porteña de rock progresivo subió al escenario. Comenzaron con un pequeño set acústico, donde se crearon unas atmósferas muy bellas y sutiles, que reafirmaban lo que este grupo ha desarrollado a lo largo de su extensa carrera. En versión acústica nadie suena como Tryo, y la música nos lleva a distintos lugares, tanto físicos como mentales; recordamos personas, paisajes, momentos, y eso hace que todo valga.

Después de la parte acústica vino set eléctrico, donde el conjunto de Valparaíso dejó en claro por qué han llegado festivales de rock progresivo como el Baja Prog. Muy buenas atmósferas, una gran interpretación, y composiciones con identidad propia, ideales para todos los que gustan de King Crimson o Rush, por nombrar dos bandas. Un inconveniente, eso sí, fueron los problemas de retorno para los músicos, que aparentemente irritaron un poco a la banda, que no se notó demasiado feliz arriba del escenario.
En definitiva, una buena oportunidad para ver a dos grandes tríos de músicos, donde éstos dejaron en claro por qué son buenos, hablando sólamente con su música (literalmente, porque todo era instrumental, lo que es obvio para los que ya conocen a las dos agrupaciones). Una lástima el lugar, eso sí; aunque el hecho de que haya sido gratis le da otro sabor.