Desde algunos meses ya se sabía que Muse vendría a Chile. En el papel se hablaba de la banda que se había ganado el premio a “Mejor banda en vivo” varias veces, así que las expectativas antes de ir al concierto no eran pocas. Yo decidí que iría a disfrutar de aquella banda en la cancha, justo en el ojo del huracán, pero en la fila previa a entrar no sabía a qué atenerme: había tal variedad de personas reunidas que por un momento temí que el público en la cancha no se volviera loco y que aquella ubicación no se volviera un campo de batalla donde sólo sobrevive el que más ganas tiene de estar allí y el que más aguante tiene.

Con lo que no contaba era con la potencia que Muse iba a mostrar, ni con el fanatismo de los que terminaron en la cancha del Teatro Caupolicán.

Donde yo estaba era una olla a presión, tanto que por los parlantes se escuchó un llamado a la tranquilidad de la gente de la cancha para que el concierto pudiera partir. La gente se calmó un poco, cierto, pero cuando se apagaron las luces se desató la locura. Matt Bellamy, Dominic Howard y Christopher Wolstenholme entraron sin ninguna introducción, sin ninguna pomposidad. Matt se sentó en el piano, las primeras notas de “New Born” sonaron y el griterío fue tal que no pude escuchar muy bien la clásica entrada. Muse estaba en Chile, y la fanaticada demostraba, cantando y saltando, por qué el público en Chile es considerado uno de los más locos del mundo. Terminando la primera canción Matt tomó la bandera chilena que luego estuvo todo el concierto sobre el bombo de la batería de Dom. El público ovacionaba todo el tiempo y las caras de Matt, Dom y Chris demostraban la incredulidad ante la respuesta del éste. Un saludo de Bellamy donde se alcanzó a distinguir un “…already the best” (¿habrá sido algo así como “you’re already the best”?) y sonó “Dead Star”, un lujo para el hardcore fan.

De ahí en adelante la intensidad nunca decayó, tanto que mucha gente salía de la parte de adelante de la cancha porque no aguantaron. Los tipos tocaron “Map of the Problematique” y “Black Holes and Revelations” de su último disco de estudio, para luego seguir con “Butteflies and hurricanes”, donde la columna de humo al final del solo de piano de la canción marcó uno de los momentos altos de la noche ya que sobre la cancha cayó una fresca neblina que le daba el toque perfecto a la vuelta delicada de la canción, pese a que la misma neblina impedía al público ver a la banda.

Si hay una cosa que los tipos de Muse dejaron muy en claro anoche fue que saben manejar perfectamente los matices en sus canciones cuando llega el momento de tocar en vivo, y eso se agradece. “Citizen Erased”, “Invincible” y “Take a Bow” fueron unas muestras muy claras de ello, y consiguieron una compenetración con el público tal que consiguieron una respuesta que no me había tocado ver hace tiempo: la gente estaba callada en las partes calmadas, como en una especie de trance.

Por supuesto que hubo tiempo para los singles, los temas que toda la gente conocía (o al menos eso se notó por el impresionante coreo que resonaba en el Caupolicán): “Feeling Good” fue tocada con Matt usando una chupalla y la gente haciendo palmas como en una cueca, e “Hysteria”, “Starlight” y “Time is Running Out” sonaron juntas, cayendo como los ases de una mano ganadora en el poker. En la cancha se agradeció el gesto: se coreó todo, incluso los solos de guitarra. Y si bien se podría haber pedido un mejor efecto de luces para hacer creer que estábamos en Europa, la luces y la pantalla led del fondo fueron las justas y necesarias para crear una atmósfera un poco más íntima, donde todos podíamos vernos las caras.

Ya para el cierre del set principal cayó “Stockholm Syndrome”, donde la locura se apoderó, una vez más, de todo el público. En la cancha todos saltábamos como uno solo, y el feedback con los tres tipos del escenario se notaba: tocaban sonriendo todo el tiempo, derrochando carisma, ganas y técnica al momento de tocar. Aquella última canción sonó con una sección de riffs de Rage Against the Machine que disfruté muchísimo, pero mucha gente no (¿es que no los conocen?); luego se apagaron las luces y todos quedamos allí, esperando y pidiendo por más.

En la vuelta partieron con aquel gran tema que es “Take a Bow”, para seguir con una coreadísima y muy movida “Plug in Baby”. La última canción fue “Knights of Cydonia”, donde todos, tanto público como banda, lo dejaron todo en la cancha y escenario. El coreo incesante, la intensidad de la música al tope, una cancha armando un seudo-slam y la última gran columna de humo dieron el broche perfecto a la noche. Una hora y media de show; se podría haber pedido más, cierto, pero la intensidad demostrada por Muse en este concierto solventa el poco tiempo con creces. Una verdadera fiesta que, al menos en cancha, se disfrutó con todo el cuerpo, sin importar los posibles moretones ni la falta de aire “limpio” ni la sed, como corresponde.

Escrito por Cristian Farías

Crédito de las fotografías: Gabrielle Kruczynski [http://www.flickr.com/people/zzintonia/]

Setlist:

1. New Born + Headup riff + Ashamed outro (al final salió la bandera chilena)
2. Dead Star
3. Map of the Problematique
4. Supermassive Black Hole
5. Butterflies and Hurricanes (columnas de humo a la mitad)
6. Citizen Erased
7. Feeling Good (Bellamy tocó con una chupalla)
8. Interludio de bajo y batería
9. Invincible
10. Hysteria
11. Starlight
12. Time Is Running Out
13. Stockholm Syndrome + riffs
Encore
14. Take a Bow
15. Plug In Baby (salieron enormes globos rellenos con pedazos de papel)
16. Knights of Cydonia